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Descensores manuales con antipánico y sin antipánico: cuál elegir y por qué

1. Introducción

Pocas discusiones generan más debate en el mundo de los trabajos en altura, el acceso mediante cuerda y el rescate que la elección entre un descensor manual con sistema antipánico o un descensor manual sin él.

La discusión suele plantearse de forma equivocada.

Hay quien afirma que el antipánico siempre es mejor porque añade seguridad.

Otros sostienen que los usuarios realmente expertos prefieren equipos sin antipánico porque ofrecen más control.

La realidad es que ambos tienen razón.

Y también se equivocan.

Después de muchos años formando trabajadores, revisando equipos anticaídas y viendo cómo se utilizan realmente los descensores en campo, mi conclusión es bastante simple:

No existe un descensor mejor. Existe un descensor más adecuado para cada usuario y para cada aplicación.

Curiosamente, los principales fabricantes del sector parecen coincidir bastante en esta idea.

Por ejemplo:

No parece casualidad.


2. ¿Qué es un sistema antipánico?

2.1. El objetivo real

Un sistema antipánico es un mecanismo que bloquea automáticamente el descenso cuando el usuario acciona la palanca más allá de una determinada posición.

Su finalidad no es mejorar la capacidad técnica del trabajador.

Su finalidad es limitar las consecuencias de un error humano muy concreto.

2.2. El error que intenta evitar

Cuando una persona se asusta suele hacer exactamente lo contrario de lo que debería hacer.

  • Si pierde el equilibrio.
  • Si recibe un impacto.
  • Si va a colisionar con una estructura.
  • Si siente que acelera demasiado.

La reacción instintiva suele ser agarrarse con fuerza.

Y eso implica muchas veces tirar todavía más de la palanca.

Precisamente el movimiento que provoca un aumento de la velocidad de descenso.

El sistema antipánico intenta corregir ese comportamiento.

Cuando detecta una apertura excesiva de la palanca, bloquea el equipo y detiene el descenso.


3. ¿Por qué existen los descensores sin antipánico?

Porque los usuarios expertos no siempre necesitan esa intervención automática.

Y en determinadas situaciones incluso puede resultar molesta.

Un operador con muchas horas de trabajo sobre cuerda suele buscar:

  • sensibilidad;
  • precisión;
  • progresividad;
  • control fino de velocidad.

En estos casos algunos usuarios prefieren que el equipo responda exactamente a los movimientos de la mano sin introducir bloqueos automáticos.

Por eso fabricantes como Petzl mantienen productos como el RIG junto al I’D.

Y por eso CAMP mantiene el Druid Pro junto al Druid convencional.

No se trata de equipos mejores o peores.

Se trata de equipos pensados para usuarios diferentes.


4. Cuándo recomiendo un descensor con antipánico

4.1. Formación inicial

Probablemente es el escenario más evidente.

Cuando un alumno está aprendiendo:

  • técnicas de descenso;
  • posicionamiento;
  • cambios de cuerda;
  • paso de fraccionamientos;
  • maniobras básicas de rescate;

todavía no ha desarrollado automatismos.

Los errores son frecuentes.

Y el antipánico aporta una protección adicional frente a uno de los más habituales.

No sustituye la formación ni a la experiencia.

4.2. Usuarios ocasionales

Aquí es donde veo más sentido al antipánico.

Por ejemplo:

  • mantenimiento industrial;
  • telecomunicaciones;
  • energía eólica;
  • depuración de aguas;
  • industria alimentaria;
  • industria química.

Son trabajadores que pueden utilizar el descensor una vez al mes.

O incluso una al año.

No viven colgados de una cuerda.

Y por tanto no desarrollan el mismo nivel de familiarización que un técnico de acceso mediante cuerda.

4.3. Brigadas de emergencia industriales

Es otro caso muy claro.

Muchas brigadas entrenan 3 o 4 veces al año (con suerte).

Pero afortunadamente realizan pocos rescates reales.

Cuando llega una emergencia aparecen factores que no existen durante el entrenamiento:

  • estrés;
  • presión temporal;
  • ruido;
  • comunicación deficiente;
  • víctimas nerviosas;
  • carga emocional.

Precisamente los escenarios para los que nació el antipánico.

4.4. Rescates generales

Mi recomendación habitual suele ser utilizar antipánico.

Especialmente cuando el equipo de rescate no está formado exclusivamente por especialistas de acceso mediante cuerda.

Durante un rescate:

  • aumenta la carga suspendida;
  • cambia el centro de gravedad;
  • aparecen movimientos inesperados;
  • la atención se divide entre varias tareas.

Reducir la probabilidad de un descenso descontrolado suele compensar ampliamente las posibles limitaciones del sistema.

4.5. Empresas con alta rotación de personal

Un aspecto que pocas veces se menciona.

Hay empresas donde los trabajadores cambian constantemente.

El nivel de experiencia real del usuario es muy variable.

En estos entornos suele ser razonable diseñar el sistema pensando en el usuario menos experimentado.

Y ahí el antipánico vuelve a tener mucho sentido.


5. Cuándo recomiendo un descensor sin antipánico

5.1. Técnicos de acceso mediante cuerda experimentados

Trabajadores que:

  • descienden diariamente;
  • entrenan con frecuencia;
  • realizan maniobras complejas;
  • conocen perfectamente el comportamiento de su equipo.

Aquí la ventaja del antipánico se reduce considerablemente.

Y algunos usuarios prefieren la mayor sensibilidad de los equipos sin antipánico.

El operario sabe lo hace, y cuando le da a la palanca a full no quiere interrupciones, quiere una maniobra rápida y limpia.

5.2. Maniobras de posicionamiento complejas

Por ejemplo:

  • desvíos;
  • fraccionamientos;
  • cambios de línea;
  • pasos de estructura;
  • trabajos suspendidos con movimientos continuos.

En determinadas situaciones la respuesta completamente lineal de la palanca puede resultar más cómoda.

5.3. Descensor secundario en sistemas de rescate

Lo veo con bastante frecuencia.

No necesariamente como equipo principal.

Sino para:

  • transferencias entre cuerdas semiestáticas;
  • tensado de sistemas;
  • posicionamiento de cargas;
  • maniobras auxiliares;
  • configuraciones específicas de rescate.

Normalmente estas tareas recaen sobre los miembros más técnicos del equipo.

5.4. Equipos de rescate altamente especializados

Aquí aparece la principal excepción.

Si hablamos de:

  • equipos IRATA, ECRA con mucha experiencia;
  • unidades de rescate vertical;
  • grupos de rescate industrial que entrenan continuamente;
  • equipos profesionales de intervención;

la elección ya no es tan evidente.

En estos casos la competencia técnica pesa mucho más que la presencia o ausencia del antipánico.


6. El error más frecuente que veo en formación

Creer que el antipánico convierte automáticamente a una persona en competente.

No funciona así.

Un trabajador mal formado seguirá siendo un trabajador mal formado.

Simplemente dispondrá de una capa adicional de protección frente a un error concreto.

De la misma manera, utilizar un descensor sin antipánico no convierte a nadie en experto.

Lo único que hace es exigir un mayor nivel de control por parte del usuario.


7. La postura de los fabricantes

Resulta interesante observar que prácticamente todos los grandes fabricantes terminan llegando a conclusiones parecidas.

Cuando analizo los catálogos de Petzl, CAMP Safety o Skylotec encuentro un patrón común:

Los modelos con antipánico suelen orientarse a:

  • industria;
  • rescate no experto;
  • usuarios generalistas;
  • formación.

Mientras que los modelos sin antipánico suelen dirigirse a:

  • acceso mediante cuerda porfesional;
  • usuarios expertos con muchas horas de vuelo;
  • maniobras o rescate avanzado.

8. Entonces, ¿cuál elegir?

La pregunta correcta no es:

¿Qué descensor es mejor?

La pregunta correcta es:

¿Quién va a utilizarlo?

Si el usuario es ocasional, está en formación o forma parte de una brigada industrial, normalmente recomendaría un modelo con antipánico.

Si hablamos de un profesional que trabaja diariamente sobre cuerda y domina perfectamente las técnicas de progresión y rescate, entonces puede tener sentido valorar un modelo sin antipánico.


9. Conclusiones

Después de años viendo estos equipos en campo, la conclusión es bastante poco glamurosa: el antipánico existe porque los humanos cometemos errores bajo presión o por despistes.

Y seguiremos cometiéndolos.

No hay formación que lo elimine por completo.

Por eso en la mayoría de los entornos lo recomiendo sin dudar.

También entiendo perfectamente que un técnico de acceso con mil horas encima no lo quiera.

El error está en aplicar la lógica de uno al contexto del otro.

El antipánico está diseñado para gestionar errores humanos.

El descensor sin antipánico está diseñado para usuarios que aspiran a no cometerlos.

 

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David Lorenzo
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