El rescate no es improvisación
Si hay algo que he aprendido después de muchos años impartiendo formación, revisando equipos y viendo simulacros, es que la mayoría de los problemas no aparecen durante la caída. Aparecen durante el rescate.
He visto procedimientos impecables sobre el papel que se convertían en un caos en cuanto alguien gritaba «¡tenemos un accidentado!».
He visto personas muy competentes bloquearse.
Y también he visto cómo equipos aparentemente sencillos resolvían situaciones complejas porque detrás había entrenamiento, planificación y foco.
El rescate no consiste en tener muchos cacharros.
Consiste en ser capaz de ejecutar, bajo presión, un procedimiento que realmente funcione.
También quiero pedir perdón por el lenguaje usado en este articulo sale la frustración de muchos años viendo cosas absurdas y con la indiscutible sensación que me quedan muchismos años más igual.
1. No tener un plan de rescate
Voy a empezar fuerte.
Porque, sinceramente, creo que este es el error más grave de todos los que voy a mencionar en este artículo.
Y también creo que es muchísimo más frecuente de lo que a muchos les gustaría reconocer.
He entrado en empresas grandes.
Muy grandes.
- Con departamentos de prevención.
- Con procedimientos perfectamente maquetados.
- Con certificados enmarcados en la pared.
- Con auditorías pasadas.
Y cuando preguntas algo tan sencillo como:
«Vale. El trabajador se ha caído y está suspendido. ¿Cómo coño lo vais a bajar?»
Se hace el silencio.
Se miran unos a otros.
Y tarde o temprano aparece la frase mágica.
La frase que llevo años escuchando y que me pone de los putos nervios.
«Bueno… llamaríamos a los bomberos.»
Y aquí es donde me vais a permitir que sea bastante claro.
Eso no es un plan de rescate.
Eso es una puta coartada…..y mala.
Para que coño tienes líneas de vida permanentes y el operario lleva un arnés de seguridad, si lo vas a dejar colgado para que palme. Alguien me lo puede explicar.
2. El plan basado en «llamamos al 112»
Voy a decir algo que probablemente no guste.
Si tu única medida prevista es llamar al 112, bomberos o protección civil, no tienes un plan de rescate.
Tienes fe.
Tengo noticias muchos bomberos son muy buenos pero…..
- Los bomberos no se teletransportan.
- No salen de una Poké Ball.
- No aparecen atravesando una pared como si fueran los malditos Vengadores.
- No están esperando a que los llames sentados, pueden haber salido a otra intervención.
Hay una secuencia lógica que mucha gente parece olvidar:
- alguien tiene que darse cuenta de que ha ocurrido la caída;
- alguien tiene que llamar;
- alguien tiene que explicar correctamente dónde está la emergencia;
- el parque tiene que recibir el aviso;
- el personal tiene que movilizarse;
- tiene que equiparse;
- tiene que subirse al vehículo;
- tiene que desplazarse;
- tiene que localizar la instalación;
- tiene que acceder al lugar concreto;
- tiene que entender qué cojones ha pasado;
- tiene que decidir cómo intervenir;
- y tiene que desplegar el material adecuado.
Tic tac, tic tac, tic tac………………….
Todo eso lleva tiempo.
Y el trabajador sigue colgado.
Si quieres profundizar en ello, puedes consultar el artículo específico sobre el síndrome del arnés.
No voy a repetir aquí todo lo que explico allí.
Pero, simplificando mucho y siendo conscientes de que depende de muchísimos factores, podríamos hablar de una ventana aproximada de entre 10 y 20 minutos antes de que la situación pueda deteriorarse gravemente.
Diez.
Veinte.
No cuarenta.
No una hora.
No «cuando lleguen».
Y esto es lo que me desespera.
Porque parece que mucha gente actúa como si el trabajador pudiera quedarse suspendido tranquilamente mientras llegan los refuerzos.
No.
El reloj empieza cuando ocurre la caída.
Así que voy a decirlo de la forma más clara posible.
Si tu estrategia consiste en esperar a que lleguen los bomberos, ese trabajador está jodido.
Y no me gusta escribir esa frase pero la realidad es obstinada.
¿Significa esto que no hay que llamar al 112?
Por supuesto que hay que llamar. Faltaría más.
Los servicios de emergencia son fundamentales.
- Aportan apoyo sanitario.
- Recursos extraordinarios.
- Personal especializado.
- Medios adicionales.
Pero forman parte del apoyo.
No pueden constituir la única respuesta prevista.
Porque entonces no tienes un plan.
Tienes un deseo.
Y los deseos no rescatan a nadie.
La pregunta importante no es:
«¿Vendrán los bomberos?»
La pregunta importante es:
«¿Qué coño vais a hacer vosotros durante los próximos quince minutos?»
Y si la respuesta es:
«Nada.»
Entonces deja de engañarte.
No estabas preparado para realizar ese trabajo.
Y quizá tampoco deberías haberlo empezado.
3. Confundir la obligación legal con la realidad operativa
Este es otro clásico.
Y además es peligrosísimo.
Hay empresas que creen sinceramente que porque exista un documento firmado, fechado y archivado, el problema ya está solucionado.
El procedimiento existe.
Así que todos tranquilos.
Ya podemos dormir.
Pues no.
El PDF con firma electrónica, sello de SPA y subido a la mierda de la plataforma del CAE de turno, seguro, pero fijo fijo, que no va a rescatar a ese operario.
He visto procedimientos maravillosos.
Perfectamente redactados.
- Con diagramas.
- Con colores.
- Con logos.
- Con organigramas.
Y absolutamente imposibles de ejecutar.
Porque quien los redactó nunca pisó la instalación.
- Nunca intentó realizar el rescate.
- Nunca abrió el kit.
- Nunca habló con los trabajadores.
- Nunca comprobó si aquello tenía sentido.
Se limitó a generar un documento.
Y todos respiraron tranquilos.
Hasta la siguiente auditoría.
Esto es una crítica incómoda, pero necesaria.
Hay demasiada prevención pensada para demostrar que hemos hecho algo.
Y muy poca prevención pensada para comprobar si realmente funciona.
Y son dos cosas completamente distintas.
Porque una empresa puede tener un procedimiento impecable desde el punto de vista documental.
Y ser incapaz de rescatar a un trabajador.
Y también puede ocurrir lo contrario.
Equipos modestos.
Documentación sencilla.
Pero procedimientos ensayados y perfectamente operativos.
Y si tengo que elegir dónde quiero caer suspendido, lo tengo clarísimo.
Prefiero mil veces una empresa que haya probado veinte veces un procedimiento sencillo que una empresa que tenga un manual de cien páginas que nadie ha leído jamás.
Porque la realidad es muy cabrona.
Y le da exactamente igual lo bonito que haya quedado el documento.
La realidad solo hace una pregunta:
«Vale. Ya ha ocurrido. ¿Y ahora qué cojones hacemos?»
Y esa respuesta no puede estar escondida en un archivador acumulando polvo.
- Tiene que estar en la cabeza de las personas que van a intervenir.
- Tiene que estar entrenada.
- Tiene que estar preparada.
- Y tiene que poder ejecutarse inmediatamente.
Porque si el procedimiento solo sirve para justificar ante un tercero que «ya habíamos previsto algo», entonces no has hecho prevención.
Has hecho burocracia.
Y la burocracia, cuando alguien está colgado a 15 metros del suelo, sirve exactamente para una mierda.
4. Tener un plan copiado de internet
Voy a decir algo que seguramente moleste a más de uno.
Internet es una herramienta maravillosa.
Hay información excelente.
Hay procedimientos muy bien hechos.
Hay auténticos profesionales compartiendo conocimiento de muchísimo valor.
Y luego está el otro lado.
El de descargar un PDF cualquiera, cambiar el logotipo de la empresa, poner la fecha del día y pensar:
«Ya tenemos plan de rescate.»
No me jodas.
Porque eso no es adaptar un procedimiento.
Eso es hacer un corta y pega para cubrir el expediente.
Y lo peor es que muchas veces ni siquiera se molestan en leer lo que han copiado.
5. El síndrome del «copia y pega»
He visto procedimientos que hablan de rescatar desde plataformas elevadoras en empresas que no tienen ni una sola PEMP.
He visto planes que describen el uso de trípodes de rescate en instalaciones donde no existe un acceso vertical.
He visto referencias a equipos que nunca se compraron.
Todo eso lo he visto de verdad.
Y cada vez que lo veo pienso lo mismo:
«Menos mal que estamos revisándolo ahora y no el día que alguien está colgado.»
Porque el problema del copia y pega es que funciona de puta madre… hasta que tienes que utilizarlo.
Y entonces descubres que el autor del procedimiento no tenía ni idea de cómo es realmente tu instalación.
Porque no la conocía.
Porque jamás estuvo allí.
Porque el procedimiento no estaba pensado para rescatar a tu gente.
Estaba pensado para rellenar un requisito documental mediante una programa de un SPA rellenando 4 formulillas.
6. Procedimientos escritos desde un despacho
Este apartado va muy ligado al anterior.
Hay procedimientos que parecen redactados por alguien que jamás ha salido del despacho. Que es su puta vida se ha machado la manos, ni han usado un descensor de emergencia o un anticaídas con recuperador.
Y ojo, no estoy diciendo que haya que subirse a una torre para redactar un procedimiento.
Lo que digo es que, si vas a diseñar un rescate, tienes que conocer el escenario real.
Porque la teoría es muy bonita.
Hasta que aparece la realidad.
Sobre el papel:
- siempre hay espacio;
- siempre hay acceso;
- siempre hay cobertura;
- siempre caben 2 rescatadores;
- siempre hay un anclaje en factor 0,
Bla bla bla…..
En la realidad:
- hay tuberías;
- hay bandejas eléctricas;
- hay calor;
- hay ruido;
- hay obstáculos;
- hay rincones imposibles;
- hay grasa;
- hay barro;
- hay prisas;
- hay trabajadores nerviosos.
Y todo eso cambia radicalmente un rescate.
Por eso me hacen mucha gracia ciertos procedimientos.
Porque parecen escritos para una instalación imaginaria donde todo es perfecto.
Una especie de Disneylandia industrial.
Pero luego llegas a la cubierta real y descubres que la cuerda roza, que el acceso no existe y que la camilla no pasa por donde se suponía que tenía que pasar.
Y como decía pocholo….FIESTAAAAAAA.
7. El rescate de PowerPoint
Hay procedimientos que funcionan de maravilla.
Siempre que nadie intente hacerlos.
Son espectaculares.
- Diagramas de flujo preciosos.
- Flechas de varios colores.
- Fotos de catálogo para las redes sociales.
- Equipos perfectamente alineados y uniformados.
- Todo limpio.
- Todo ordenado.
- Todo puesto de puta madre y organizado por sacas con números de serie y etiquetas de colores y olor a jazmín.
Hasta que alguien dice:
«Venga Vamos a probarlo.»
Y ahí empieza el festival…..
El anclaje no sirve.
La cuerda me roza.
El polipasto no me da la suficiente ventaja mecánica por el rozamiento con no se qué demonios.
El trabajador asignado nunca ha utilizado ese dispositivo ni sabe donde esta.
El responsable de coordinar no está en ese turno.
Y el rescatador oficial (el puto pata negra de los rescatistas empresa que hace escalada deportiva) está trabajando en otra obra a doscientos kilómetros.
Pero el PowerPoint quedó que flipas para la medición de KPIs del área de seguridad.
Y aquí viene otra verdad incómoda.
Un procedimiento que nunca se ha probado no es un procedimiento. Es una hipótesis.
Y hay hipótesis que, cuando alguien está suspendido esperando ayuda, salen muy caras.
8. La única forma de saber si un plan funciona: probarlo
Voy a decir una obviedad tan enorme que resulta casi ridículo tener que escribirla.
Solo hay una forma de saber si un procedimiento de rescate funciona.
Probarlo.
No existe otra.
No hay programa informático que lo valide.
No hay auditoría que lo garantice.
No hay sello, certificado ni firma que lo convierta automáticamente en eficaz.
Solo hay una manera.
Hacerlo, cargarla y volver a hacerlo.
Y, aun así, no vale cualquier simulacro.
Porque también he visto muchos simulacros diseñados para que todo salga bonito.
Y eso tampoco sirve.
La validación real de un procedimiento consiste en coger exactamente a las personas que van a intervenir, utilizar exactamente el material del que dispone esa empresa y ejecutar exactamente el procedimiento previsto en el lugar donde tendría que realizarse el rescate.
Sin trampas.
Sin traer al instructor estrella que lleva haciendo rescates veinte años.
Sin sacar equipos nuevos del almacén que jamás estarán disponibles el día del accidente.
Sin avisar con una semana de antelación para que todo quede perfectamente preparado.
Sin reorganizar el trabajo para que justo estén presentes «los buenos» y «los pata negra».
Sin limpiar el escenario para que sea más cómodo.
Y, sobre todo, sin asumir que porque has hecho un rescate en la nave de la empresa de formación, dentro de un simulador precioso donde todo es perfecto, ya has validado el procedimiento.
Porque no.
No lo has hecho.
En el simulador de formación suele ocurrir algo mágico.
Justo encima de la víctima tienes un anclaje perfecto.
Las distancias están medidas.
Los accesos son amplios.
- No hay obstáculos.
- No hay ruido.
- No hay prisas.
- No hay deformaciones estructurales.
- No hay elementos que interfieran.
- No hay producción funcionando.
- No hay trabajadores alrededor preguntando qué coño está pasando.
- No hay un encargado nervioso.
- No hay nadie llorando porque el accidentado es su compañero desde hace quince años.
- No hay miedo a cagarla.
Todo está pensado para aprender.
Y eso está muy bien. Debe ser asi.
Pero no confundamos aprender una técnica con validar un procedimiento.
Son cosas completamente distintas.
Porque el día que alguien se cae, el rescate no ocurre en la nave de la empresa donde subcontratamos la formación.
- Ocurre en la cubierta llena de claraboyas y placas fotovoltaicas.
- En el depósito donde apenas caben dos personas.
- En la estructura metálica deformada por la propia caída.
- En el aerogenerador donde el acceso ya era complicado antes del accidente.
- En la petroquímica donde cada movimiento está condicionado por tuberías, válvulas y zonas restringidas.
Ocurre en el mundo real.
Y el mundo real es bastante más hijo de puta que cualquier simulador.
Por eso, si de verdad quieres saber si un procedimiento sirve, haz una prueba honesta.
Recrea la situación más parecida posible a la que podrías encontrarte de verdad.
Con la misma gente.
Con los mismos equipos.
En el mismo sitio.
Con las mismas limitaciones.
Y entonces hazte una única pregunta:
«¿Hemos sido capaces de sacar a esa persona de ahí o no?»
Si la respuesta es sí, enhorabuena. Tienes una base sobre la que seguir mejorando.
Si la respuesta es no, perfecto. Acabas de descubrir el fallo durante un simulacro y no durante un accidente real.
Lo que no vale es engañarse.
No vale decir:
«Bueno, es que en una situación real saldría mejor.»
Lo he oído muchas veces…Como no era d verdad la gente ser relajo demasiado…
![]()
Porque al 100% seguro de que saldría bastante peor:
- Habría más presión.
- Más nervios.
- Más miedo.
- Más improvisación.
- Menos tiempo.
- Y menos capacidad para pensar con claridad.
Y esa es precisamente la diferencia entre un plan de rescate real y un documento decorativo.
El primero ha demostrado que funciona.
El segundo simplemente existe.
Y existir no basta.
Porque el día que alguien cae, a nadie le importa una mierda lo bonito que era el procedimiento, cuántas páginas tenía o lo espectacular que quedó la presentación en PowerPoint.
Solo importa una cosa.
¿Somos realmente capaces de sacar a esa persona de ahí o no?
Y si nunca lo has probado en condiciones razonablemente parecidas a la realidad, la respuesta más honesta probablemente sea esta:
No lo sabes.
No hay mas preguntas señoria.
9. Ser tan específico que el procedimiento se rompe o tan ambiguo que no sirve para nada
Hay otro error del que se habla muy poco.
Y es curioso, porque lo veo constantemente.
Un procedimiento puede ser una mierda por dos motivos completamente opuestos.
Por ser demasiado abierto.
O por ser demasiado rígido.
Los procedimientos excesivamente ambiguos son fáciles de identificar.
Son los típicos que dicen cosas como:
«Se adoptarán las medidas necesarias.»
«El personal actuará de forma adecuada.»
«Se procederá al rescate mediante los medios disponibles.»
Muy bien.
Fantástico.
Pero ¿quién hace qué?
- ¿Quién llama?
- ¿Quién va a por la saca de rescate?
- ¿Quién monta el sistema?
- ¿Quién coordina?
- ¿Quién controla el entorno?
Al final nadie lo sabe.
Y cuando llega la emergencia, cada uno interpreta el procedimiento como le sale de los cojones.
Pero el extremo contrario tampoco funciona.
Y aquí es donde creo que muchos técnicos se equivocan.
Intentan dejarlo todo tan atado, tan definido y tan perfectamente escrito que el procedimiento se convierte en un castillo de naipes.
Por ejemplo:
«El jefe de turno avisará a emergencias o coordina el rescate.»
Perfecto.
¿Y si ese día el jefe de turno está de vacaciones?
¿Y si está enfermo?
¿Y si es precisamente el que se ha caído?
¿Y si está atendiendo otra emergencia?
Entonces nadie hace la llamada porque «eso le correspondía al jefe de turno».
Otro ejemplo:
«El operario Juan Pérez recogerá la saca de rescate situada en la taquilla número 3.»
Maravilloso.
¿Y si Juan Pérez está librando?
¿Y si ha cambiado de departamento?
¿Y si ya no trabaja en la empresa?
Y así sucesivamente.
El procedimiento deja de ser una ayuda para convertirse en una cárcel.
Y la realidad tiene una mala costumbre.
Nunca sigue el guion.
Por eso, en mi opinión, un buen procedimiento de rescate tiene que encontrar el equilibrio Cosa que no es fácil.
Debe ser lo suficientemente específico como para que todo el mundo tenga claro qué hay que hacer.
Pero lo suficientemente flexible como para adaptarse cuando las cosas no salen exactamente como habías previsto.
Por ejemplo, en lugar de decir:
«El jefe de turno llamará al 112.»
Podría establecerse algo parecido a:
«La persona que asuma la coordinación de la emergencia designará inmediatamente a un integrante del equipo para realizar el aviso al 112 y confirmar que la llamada se ha efectuado.»
La función está definida.
La responsabilidad existe.
Pero el procedimiento no se viene abajo porque una persona concreta no esté presente.
Porque, al final, un plan de rescate no está pensado para funcionar cuando todo va bien.
Está pensado precisamente para funcionar cuando las cosas empiezan a torcerse.
Y cuanto más real es una emergencia, menos probable es que ocurra exactamente como la habías imaginado delante del ordenador.
Por eso desconfío tanto de los procedimientos escritos como si fueran recetas de cocina.
Porque el rescate no es una receta.
Es una toma de decisiones guiada por un procedimiento que debe aportar orden sin eliminar la capacidad de adaptación.
Y conseguir ese equilibrio, probablemente, sea una de las partes más difíciles de diseñar correctamente.
Porque un procedimiento demasiado abierto genera caos.
Pero uno demasiado rígido puede romperse a los 5 segundos.
Aviso legal y descargo de responsabilidad
Más Información
La información contenida en este sitio web tiene un propósito exclusivamente informativo y divulgativo. David Lorenzo Vázquez, como propietario de esta web, y en calidad de autor o coautor de los artículos publicados, no asumen ninguna responsabilidad sobre la exactitud, vigencia, fiabilidad o aplicabilidad de la información proporcionada.
Si bien nos esforzamos por mantener el contenido actualizado y preciso, no garantizamos, ni de manera expresa ni implícita, la integridad, exactitud, idoneidad o disponibilidad de la información publicada, incluyendo textos, gráficos, productos, servicios, enlaces externos o cualquier otro material disponible en este sitio web. Cualquier confianza que el usuario deposite en dicha información es bajo su propia responsabilidad.
El contenido de este sitio web no sustituye el asesoramiento profesional, la formación técnica adecuada ni el cumplimiento de las normativas vigentes. Se recomienda a los usuarios verificar siempre las especificaciones técnicas, manuales de instrucciones, procedimientos de seguridad y regulaciones aplicables antes de emplear cualquier técnica, procedimiento o equipo de protección o seguridad, sistema anticaídas o dispositivo de rescate mencionado en este sitio.
En ningún caso, David Lorenzo Vázquez, ni ninguna persona o entidad asociada con la gestión o redacción de este sitio web serán responsables de pérdidas o daños de cualquier naturaleza, incluyendo, entre otros, pérdidas o daños materiales o personales, directos o indirectos, daños consecuentes, pérdida de beneficios o cualquier otro perjuicio derivado del uso o mal uso de la información contenida en este sitio web.
El acceso y uso de este sitio web implica la plena aceptación de este descargo de responsabilidad. En caso de duda, se recomienda consultar directamente con los fabricantes de los equipos o con las autoridades competentes en materia de seguridad laboral y prevención de riesgos.